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20 años de la caída del muro de Berlín

publicado a la‎(s)‎ 11/11/2009 10:13 por Michael Iriarte   [ actualizado el 11/11/2009 10:16 ]


Lotzin.

 

     Hay acontecimientos en el mundo que son considerados verdaderos hitos en la historia de la humanidad. Hitos por los cambios drásticos y trascendentales que produjeron en la vida humana. Uno de ellos es, no quepa duda, la caída del Muro de Berlín, lo que con el se vivió, y las transformaciones que trajo consigo su derrocamiento.

El Muro de Berlín ha sido y es considerado por muchos la máxima representación de lo que fue la Guerra Fría, la división de Europa y el mundo en dos bloques completamente enfrentados, así como el temor a la destrucción nuclear.

 

Hoy se cumplen 20 años de la caída de dicha muralla. Uno de los malos sueños de la historia: una utopía de piedra, como el Muro que la simbolizó tantas décadas. Por ende es necesario echar una mirada crítica a lo sucedido en la antigua geografía del llamado socialismo real. La historia no ha terminado de diluir aquella gigantesca pesadilla. Un puñado de países sigue inmerso en ella. En este caso, 20 años es mucho, pero en relación a términos de historia no es nada, sin embargo, lo que significo para nuestra generación y para el siglo XXI fue,  un cambio completo de época.

Con la caída del llamo “muro de la vergüenza”, terminó también la Guerra Fría global, mundial, y a veces tengo la impresión de que han proliferado guerras frías menores, locales, y que no por eso, por su carácter circunscrito, regional, dejan de ser peligrosas. La historia dejó de ser bilateral, de dos enormes bloques de poder. Para ser hoy, por el contrario, difusa, esquinada, más complicada y difícil de centender que nunca.

No pretendo decir en pocas líneas lo que fue ni lo que ha cambiado en estos 20 años, por que dichas realidades, abarcan grandes temas y conceptos tan difíciles de comprender hasta para quien estas ideas escribe, mi intención como siempre tratar de hacer un bosquejo, de uno de los acontecimientos más relevantes de nuestra historia contemporánea, para todos los jóvenes y  los no tanto; y puedan tener un pequeño referente de su significado en el mundo cultural y político del mundo moderno.

Porque su caída es vista como símbolo del fin de la Guerra Fría, de los enfrentamientos ideológicos, de la caída del comunismo. Es vista también como el paso a un nuevo mundo, regido por nuevas reglas, nuevos retos y nuevas esperanzas. Y vista también, finalmente, como el comienzo de un difícil periodo de transición para la economía mundial y la consolidación de viejos problemas como la pobreza, las guerras étnicas y las desigualdades.

 

 

 

A manera de Historia

     En 1945, al término de la segunda Guerra Mundial, los vencedores de Alemania (Estados Unidos, la entonces Unión Soviética, Inglaterra) ocuparon y dividieron, para su control, el territorio alemán. Esta división fue una consecuencia directa del conflicto armado entre los poderosos del mundo: ninguno de los vencedores quería que el antiguo régimen fascista volviera a adquirir poder. Los Estados Unidos y la Unión Soviética (ahora Rusia) acordaron ocupar el país para después hallar un régimen pacífico y de libertad para los alemanes. Muy pronto se vio claro que las potencias vencedoras no podían ponerse de acuerdo sobre una política de ocupación común. En definitiva, detrás de todo este proceso estaba la rivalidad ideológica de dos sistemas sociales opuestos y la política expansionista del gobierno soviético de entonces.

Berlín, la capital, también fue dividida. La división física de la ciudad se consumó en agosto de 1961 con la construcción de un muro comunista de separación, motivada por el hecho de que el régimen de la República Federal Alemana no podía frenar de otra manera la creciente corriente de fugitivos que querían desplazarse al otro lado de Berlín. Desde 1961 hasta 1989 Alemania estuvo separada. Lo difícil de esta creación de fronteras en un mismo país fue que mucha gente, en un corto periodo, tuvo que separarse de sus familias (que podían vivir simplemente en el otro lado de la ciudad); muchos trabajadores se quedaron sin empleo por la construcción del muro, y sobre todo fueron instaurados sistemas sociales que separaron no sólo a los ciudadanos alemanes en su territorio, sino también en creencias, en afectos y en formas de vida; todo esto sin consultarlo previamente. Las resoluciones para Alemania se tomaron en el seno del conflicto entre las potencias más fuertes, Estados Unidos y la Unión Soviética, que se disputaban el poder del mundo a través de una carrera armamentista que preocupaba por la constante amenaza de una guerra nuclear.

Con la construcción del Muro de Berlín, surgieron dos países. En el oeste (República Federal de Alemania) y en el este (República Democrática Alemana), existían sistemas de gobierno, ordenamientos económicos, ejércitos y compromisos de alianzas diferentes.

Los ciudadanos de ambos Estados disponían de pasaportes distintos, aunque según la concepción jurídica occidental, todos tenían la misma nacionalidad alemana. Durante la existencia del Muro, que fue de más de veinticinco años, muchas personas intentaron cruzar las fronteras por estar en desacuerdo con el régimen que les había sido impuesto. Los ciudadanos intentaron escapar de muchos modos: a través de túneles o saltando el muro desde ventanas cercanas. Algunos lograron salir, otros fueron encarcelados o murieron en el intento.

En la década de los ochenta, la Unión Soviética expresó al mundo el comienzo de sus reformas al régimen socialista, con el canciller soviético Mijaíl Gorbachov. Ese fue el inicio de una ola de protestas, de movimientos sociales que acabaron por transformar el bloque socialista, hasta casi desaparecerlo. Entre los países que protestaron en contra de su sistema de gobierno, y en contra de la división, estuvo la República Democrática Alemana. En 1989, bajo la presión del mundo, el gobierno aceptó la apertura de fronteras y el derrumbamiento del Muro. Después de varias décadas muchas personas volvieron a ver a su familia, y pudieron por fin, salir de un país que les cerraba la libertad de tránsito. El Muro cayó, sin embargo todo había cambiado.

Si la construcción del Muro de Berlín se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, los antecedentes de su caída pueden situarse en 1985, en la llegada de Mijaíl Gorbachov al poder y el inicio del proceso de reformas en la Unión Soviética.

El líder soviético inició un proceso de apertura política y económica en su país, conocido como Perestroika y Glasnost, que se tradujo en un relajamiento del rígido control que mantenía la Unión Soviética sobre Europa Oriental.

En 1989, los cambios en Moscú comenzaron a tener repercusiones en los países de Europa Oriental. Los movimientos reformistas ganaban cada vez más fuerza en Polonia, Hungría y Checoslovaquia, principales países sometidos a un modelo cerrado.

Por su parte, Gorbachov consideraba que el uso de la fuerza ya no servía y dejó claro que no intervendría en la vida de estas naciones, iniciando consigo un proceso que vio su fin, la noche del 9 de noviembre de 1989.

 

Etapas que conforman una época

     La división que estaba hecha  por una barrera física de más de tres metros de altura, significaba una separación en dos concepciones del mundo totalmente diferentes, en formas de vida opuestas con oportunidades distintas en cada lado de Alemania, con la fortuna de poder visitar aquella nación en el año 2004, me permitió  conocer aquel hecho histórico que significo un mal sueño para millones de personas y  que lo leído durante la Universidad, en  Alemania se había vivido en carne propia y que un mundo entero había sido testigo de eso, de varias platicas con catedráticos de Berlín, pude establecer una serie de aseveraciones  que me permitieron comprender la tristeza de antaño ahí vivida  donde se podía  saber de un contraste entre la tecnología atrasada de los países comunistas y la de Occidente que en Berlín, por diversos motivos, se hacía más notorio y hasta dramático.

Las fábricas del lado oriental, por ejemplo, lanzaban densas columnas de humo negro que el viento movía y hacía pasar por el cielo de la ciudad occidental. Era, ese humo sucio, una curiosa, e inesperada propaganda contra la economía del otro lado. Las chimeneas capitalistas, en cambio, por lo menos en ese punto estratégico, tenían poderosos filtros. Hasta los desechos de aquellas industrias superdesarrolladas se dice  parecían más limpios.

Ese Berlín encerrado, muy diferente al que conocí, hasta hoy conserva un aspecto enigmático, un misterio, un encanto particular. Se decía que era una ciudad non-stop. Parecía que todo estaba abierto durante las 24 horas del día, o semicerrado.

A grado tal, que varias ciudades como Frankfurt, Berlín siguen conservando mucha de esa esencia antes vivida, cruce por una estación subterránea de ferrocarril y hasta los peldaños, las galerías, el pavimento de las calles, dan una impresión general de deterioro, de haberse detenido en una etapa anterior.

 

Existen salones de una elegancia pasada de moda, llenos de felpas rojas, lámparas de lágrimas, dorados venidos a menos, donde un violinista anciano tocaba melodías del siglo XIX. Me pareció el escenario perfecto para una novela anacrónica, de época no bien definida, del género fantástico, donde contrastan con las casas carcomidas, las paredes tiznadas, los profundos agujeros de las veredas, que yacían en la misma Alemania, solo atrás de un muro, me provocaron una sensación aguda, triste, de irrealidad.

 

Una escritora turca de Berlín sostiene ahora que pasar de un lado al otro del Muro, en los años anteriores a la caída, era un viaje en el espacio y también en el tiempo. Estoy enteramente de acuerdo.

 

 

El complejo orden mundial con la caída del muro

 

     Entre 1989 y 1991, el mundo experimentó, en secuencia rápida, una serie de acontecimientos drásticos (la caída del Muro de Berlín, la reunificación de las dos Alemanias, el estallido interno de la Unión Soviética, el término del Pacto de Varsovia y la guerra en la antigua Yugoslavia), que resultó en los siguientes hechos:

Fin de la guerra fría y del mundo bipolar, emergiendo los Estados Unidos como potencia hegemónica. Los Estados Unidos de América reunió 28 naciones aliadas y obtuvo permiso de la O.N.U. para sacar las tropas iraquíes del territorio de Kuwait en caso de que las mismas no se retiraran de sus fronteras antes del 15 de enero de 1991. La Guerra del Golfo duró desde el 16 de enero al 27 de febrero de 1991 con la rendición incondicional de Irak.

El inicio de las reivindicaciones del Japón y Alemania, grandes potencias económicas, pero alejadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial de las decisiones políticas mundiales. El Japón, al recibir la negativa de Rusia de devolver las islas Curiles, ciertamente reevaluará su estructura militar, hoy limitada al 1% de su PBI por disposición constitucional impuesta por los Estados Unidos durante la ocupación al final de la Segunda Guerra Mundial.

Formación de mega-bloques económicos y políticos. La formación del NAFTA, conformado por los Estados Unidos, Canadá y México, sorprendió a los países de América del Sur pues se constituía otro mega-bloque económico en el eje Norte-Norte. Por ello se concibió la creación del MERCOSUR, del cual formaban parte inicialmente Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y ahora Chile. La posibilidad de formación de nuevos mega-bloques económicos (en el sudeste asiático encabezado por Japón, en el Oriente Medio a través de la identificación islámica, arrastrando las repúblicas islámicas a la ex-URSS y otros) es seria en relación a la perturbación que podría producir en las relaciones internacionales.

En el campo político: el paso de un mundo bipolar a otro unipolar, de potencia hegemónica global, significa un cambio en la situación inicial de alta confrontación y baja inestabilidad, hacia una situación de baja confrontación y alta inestabilidad en el escenario mundial. En esa nueva situación, los conflictos bélicos regionales, siendo menos apocalípticos en cuanto a la amenaza de la paz mundial.

En el campo económico: el comercio multilateral, que floreció bajo el sistema del mundo bipolar, ahora ha evolucionado hacia la relación entre bloques o regionalismo económico. El concepto de soberanía no prevalece en el mundo de los altos intereses económicos, dado el hecho de que cada Estado ya no tiene la capacidad de sobrevivir sólo, lo cual ha conducido a la aparición de las economías de conjunto.

En el campo militar: la baja observada en los gastos militares durante el final de la guerra fría, en términos mundiales, no habrá de continuar, debiendo volver a aumentar en los próximos años, aunque de manera discreta. A lo largo del tiempo, habrá una reducción drástica de las armas nucleares de largo alcance y destrucción masiva y una implementación de las armas no nucleares de alta tecnología.

En el campo psicosocial: la mayor amenaza a la paz se originará a través de la pobreza, de las discriminaciones étnicas, del nacionalismo exacerbado, del radicalismo religioso, del narcotráfico y de las condiciones del medio ambiente, más que de cuestiones políticas.

 

El derrumbe del Muro de Berlín, como símbolo del fin de la Guerra Fría, también se sintió en América Latina, donde se vivían circunstancias similares de sometimiento.

En esta región, la caída del Muro significó la profundización de los procesos democráticos y de integración. Pero, curiosamente, es en Latinoamérica donde se mantiene uno de los últimos baluartes del comunismo: Cuba, y que en pleno siglo XXI, se resiste a la integración de un mundo global y capitalista de libre tránsito y mercado que maneja no solo América, si no el mundo entero.

La región ha pasado a ser conocida como una economía emergente y es uno de los polos de atracción de inversiones más dinámicos en la economía global.

Por otro lado, el enfrentamiento ideológico ha sido reemplazado por la lucha contra las drogas, una de las principales preocupaciones de la región.

Como contraparte, América Latina continúa sufriendo serios problemas de pobreza y es considerada como una de las regiones con mayores desigualdades sociales en el planeta, donde se concentra más del 30% de la población en pobreza extrema del mundo entero, situación realmente preocupante.

Nuevos retos y oportunidades, viejos problemas y peligros, todos presentes en esta época. Nadie sabe lo que depara el futuro, pero todos coinciden en que la caída del Muro de Berlín sirvió de plataforma para introducir cambios que seguirán viéndose reflejados en el nuevo milenio.

Si bien no existe hoy un muro especifico que divida al mundo en concepciones ideológicas, existes grandes corrientes y modelos que compiten día a día por ofrecer mejores resultados y acrecentar el poderío de sus naciones.

Sigue siendo la sed de riqueza y poder, la fuente inagotable de grandes conflictos, que amenazan con destruir no solo la paz mundial, si no al planeta entero, con consecuencias altamente nocivas como la destrucción de la naturaleza en nuestro planeta tierra, trayendo consigo tal vez el aniquilamiento de razas y especies.