*Pasado y contexto internacional, los paradigmas del México de hoy
En su tiempo, el México de la Revolución y su régimen fueron considerados fuente de inspiración por algunas corrientes nacionalistas y progresistas de América Latina, puesto que corresponde en el ámbito mundial a la política antifascista de los frentes populares y a la aparición en todo el mundo de gobiernos intervencionistas, cuando no corporativos y dictatoriales: Roosevelt en Estados Unidos, Mussolini y Hitler en Europa y Stalin y las “republicas populares” en el orbe soviético. La post revolución atrajo el interés del otro extremo, de la derecha, como resultado de la aparición de la Revolución Cubana. Entonces ciertos círculos norteamericanos vieron en el México de los años 60 una alternativa frente a Cuba, pues su sistema se presentó como revolucionario pero democrático, con una mezcla adecuada de economía de mercado y estatal y con una política exterior independiente, que conciliaba lo inconciliable: las reformas del corte popular en un país agrario, con las realidades de la industrialización, que anunciaban ya al país urbano en el contexto de la hegemonía estadounidense de la posguerra. Hoy no hay nada semejante. Ni a la derecha ni a la izquierda o a lo que está entre ambas, (que muchos autores denominan “La tercera vía” o mejor dicho entre partidos políticos, la socialdemocracia), a nadie le parece que haya algo original y positivo en un país como México, que llegó tarde a la transición democrática y que lo que ha hecho a partir de entonces carece de calidad e incluso viabilidad.
Actualmente, los mexicanos que se interesan en lo que sucede mas allá de las fronteras tienen plena conciencia de que nuestro país ya no puede ser visto como paradigma por nadie y, en cambio, miran con interés y cierta envidia al proceso brasileño. En realidad, esa envidia mexicana que aflige desde a empresarios hasta ciudadanos de a pie frente al éxito brasileño ya se nota y mucho. Por ejemplo, según la publicación Británico The Economist, (17 a 23 de octubre), señala con algo de disimulo que hoy en México “la envidia en relación a Brasil es más intensa que nunca”. Y es que si bien el gigante sudamericano tiene muchos de los problemas que nosotros tenemos, en él domina el optimismo, voluntad, visión, trabajo en conjunto de las fuerzas políticas y un proyecto de futuro en tanto que acá campea el pesimismo, la competencia descarnada, la evasión, la envidia y una sensación de ir a la deriva.
La raíz de la diferencia de actitudes en Brasil y México se explica no sólo porque mientras la economía del primero va hacia delante la nuestra retrocede, sino también porque Brasil cuenta con un liderazgo político de gran calidad y México no. En el reinicio de su vida democrática que incluso también ellos iniciaron tardíamente, los brasileños se toparon con un gran fracaso llamado Fernando Collor de Mello (de derecha y corrupto), pero que pudo ser superado mediante su destitución en 1992. Luego, el par de presidentes que desde 1994 han habitado en el Palacio do Planalto (Fernando Henrique Cardoso y Luis Ignacio Lula da Silva) han resultado excepcionales. El primero, un académico de fama mundial que se convirtió en hombre de acción; el segundo, un líder obrero sin educación formal pero con una personalidad y sensibilidad formidables que le permitieron llegar a una posición hasta entonces vedada a los de su clase. Ambos resultaron figuras a la altura de sus desafíos históricos. En contraste, los dos últimos jefes del Ejecutivo mexicano simplemente sorprenden por la mediocridad de su personalidad, falta de visión y preparación, su idea de la política y sus colaboradores, por su falta de sensibilidad social y su tolerancia de la corrupción y la injusticia.
*¿Interesante para quién y por que México?
El Financial Times, (19 de octubre), al abordar el caso de otro país que fue modelo para muchos pero que hoy ya no lo es (Rusia), señala que en ese enorme país al que actualmente lo mantiene a flote su riqueza petrolera y el duro puño de Vladimir Putin, hay quienes se interesan por estudiar el exitoso modelo chino (un partido comunista que mantiene el control total de la política y un sistema económico exitoso, mezcla de capitalismo salvaje y estatismo). Ahora bien, además del modelo chino, al círculo de Putin le interesan otros dos casos: Japón, donde un solo partido (el Liberal Democrático) dominó la escena política desde 1955 hasta hace apenas unas semanas y el México del PRI, donde también un solo partido dominó la vida política desde su creación en 1929 hasta el 2000. Se trata, como lo señala el diario británico, de un par de países donde, bajo una apariencia democrática, funcionó un sistema de partido único: ¡el ideal de Putin!
*Lo ejemplar de México: su autoritarismo. La pregunta del inicio: ¿quién se puede ocupar del modelo mexicano? tiene como respuesta: los interesados en el sistema que prevaleció en México hasta antes del 2000; ese viejo modelo aún despierta interés entre los autoritarios. Y es que el sistema priista fue uno de los no democráticos más longevos, y en ese sentido, más exitosos del siglo XX.
Desde la perspectiva anterior, la longevidad del autoritarismo priista es mayor que la del totalitarismo soviético, de ahí el comprensible interés de algunos en el círculo de Putin por conocer la naturaleza del sistema político mexicano del siglo pasado. Y ese interés debería aumentar si los rusos toman en cuenta que, mientras el PC soviético dejó de existir al perder el poder, el PRI no, pues en más de la mitad de los estados ha sobrevivido intacto. Finalmente, los interesados en desentrañar los secretos de autoritarismos de carrera larga, se impresionarán más por el caso mexicano si toman en cuenta la recuperación del PRI en las elecciones del 2009 y, sobre todo, si el viejo partido creado por Plutarco Elías Calles recupera el poder en 2012. Y es aquí donde el tema cobra gran importancia ya no para los rusos sino para los propios mexicanos.
*¿El PRI o el pasado como futuro? Se comprende que en la Rusia actual se pueda considerar un avance pasar de la estabilidad totalitaria de Stalin o Breshnev a una posible estabilidad de corte autoritario, pero en México eso significaría un retroceso, por que el gobierno Mexicano no nace de uno dictatorial, construye una hegemonía política, casi absoluta, por varias décadas, en el molde de una constitución liberal y unas formas políticas democráticas pluralistas, que se rigen propiamente ante un autoritarismo piramidal. Sin embargo, el triunfo electoral del PRI en las elecciones intermedias de este año, combinado con la debilidad de una izquierda dividida, abre la posibilidad de que una mayoría ciudadana, por ahora sólo relativa, decida reaccionar al fracaso panista aceptando como verdad un viejo proverbio conservador: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Es posible que en las diez elecciones estatales del año entrante el PRI avance en su recuperación. Sin embargo, lo verdaderamente dramático (y traumático) sería que esa circunstancia fuera el anuncio de que esa mayoría relativa dará su voto a quien gane la contienda interna priista en curso. Y es que a estas alturas todos los precandidatos del PRI para el 2012 (Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, etc.) fueron forjados en la antigua fragua antidemocrática. La derrota del 2000 no llevó al PRI a cambiar su esencia, puesto que su regreso no viene de la mano de un nuevo proyecto, si no de la eficacia comparativa de sus resultados y el desgaste de sus adversarios. El que fuera un partido de Estado sigue comportándose acorde con su naturaleza original y eso puede constatarse en los diversos estados gobernados por priistas. Una prueba de ello se tiene al examinar cómo procesaron sus crisis políticas los actuales gobiernos priistas de Puebla y Oaxaca. Mario Marín y Ulises Ruiz, quienes actuaron en sus respectivas coyunturas críticas de la misma manera en que lo hicieron antaño todos los gobiernos prisitas. En Veracruz o el Estado de México (otro par de notables feudos priistas) la política cotidiana no presenta diferencias mayores respecto de lo que era la norma nacional antes del 2000, y lo más dramático es que son estas entidades los grandes bastiones del tricolor, que serán los protagonistas en los años que están por venir y básicamente en la contienda del 2012.
Es verdad que si dentro de tres años el PRI llegara a recuperar el poder a nivel nacional, su conducta como responsable del gobierno ya no podría ser una exacta réplica del pasado porque tendría que actuar en un entorno político distinto al existente en la época del priismo clásico. Sin embargo, no hay que confiarnos. Las grandes instituciones de la democracia como el IFE o el IFAI ya no son lo que fueron: han perdido calidad. Y la sociedad mexicana, con una cultura política pobre y moldeada por una historia no democrática e influida por unos medios de información electrónicos (radio, televisión, internet) de igual naturaleza, pero mas miserables, no necesariamente estaría en la posibilidad y con la voluntad de impedir el retorno de las prácticas tradicionales priistas, sobre todo si estas se le presentan como precondición para recuperar lo perdido: seguridad, empleo, estabilidad y proyecto de largo plazo, estoy seguro que una nueva era del PRI en México llegara, siendo nuevamente ejemplo y modelo de atención para el mundo.
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