Por: Don Jesús Figueroa Alcocer (1887-1991) Biografia Poco después del descubrimiento de las minas, allá por el año de 1874, llego al lugar un joven profesor titulado en la escuela de Artes y Oficios de la ciudad de México, originario de Parral de Hidalgo, del estado de Chihuahua, que venia como director de las minas del Agua Salada, San Agustín y otras, se llamaba Manuel Sáenz. Este joven maestro, durante las noches y aprovechando el tiempo libre que le dejaba su ocupación minera, comenzó dando clases de escritura y lectura a los jóvenes que ocasionalmente lo visitaban y fue tanto el éxito que obtuvo y tal la simpatía que despertó en ellos, que al poco tiempo eran ya varios los alumnos a quienes impartía enseñanza. Desgraciadamente el Sr. Sáenz tuvo que abandonar el pueblo repentinamente, debido a una patada que recibió en la rodilla por una mula, yéndose a la ciudad de México, donde radicaba. En aquel tiempo Huitzuco era un pequeño poblado de campesinos y ganaderos, en su mayor parte analfabetos, pero gente honrada, con aspiraciones, deseosos de instruirse y prosperar. Los pocos muchachos que conocieron al Sr. Sáenz y recibieron de el algunos conocimientos de escritura y lectura se maravillaban de la facilidad con que aprendían y asimilaban esos conocimientos y de allí surgió la idea de conseguir que viniera nuevamente al pueblo a fundar una escuela particular para traer luz a todos aquellos jóvenes deseosos de instruirse y prosperar. A este fin, comenzaron a hacer gestiones los señores Sostenes López, Florencio Alcocer y otras personas de la localidad y tras de muchas cartas cruzadas y tiempo transcurrido, pues en aquella época el servicio de correos, como es fácil imaginar, era muy deficiente, lograron al fin que en diciembre de 1882 llegara a Huitzuco nuevamente el tan anhelado maestro. Cinco años funciono en Huitzuco esta escuela que fue modelo de organización, trabajo y enseñanza. Y en esos cinco años el maestro Sáenz con su tesonera labor, con su hábil y fino facto, con su simpatía y don de gentes, no solo derramo saber y conocimientos entre todos sus alumnos, sino que despertó en ellos nuevas y grandes aspiraciones y lo que es aun más meritorio, formo su conciencia, haciendo cambiar del mundo de errores en que vivían, a un mundo de luz y de verdad, para hacer de todos ellos hombres libres y útiles a su pueblo y a su patria. En una palabra, cambio las ideas atrasadas y obscurantistas de épocas pasadas, por las nuevas ideas liberales, que han venido operando la transformación completa de nuestra patria. A esta escuela del maestro Sáenz pertenecieron todos los hombres y mujeres que en 1910 respondieron al llamado de D. Francisco I. Madero, aquí en Huitzuco |