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Revolución


Por: Don
Jesús Figueroa Alcocer (1887-1991) Biografia
Presidente Municipal de Huitzuco en cuatro periodos,
(1937-1938), (19445-1946), (1957-1959), (1966-1969).

La mecha de la revolución estaba ya encendida, y los miembros del club Juan Álvarez, se habían reunido y en forma secreta habían designado su jefe en la persona del Sr. Don Ambrosio Figueroa, a quien por sus dotes de honradez, popularidad, hombre responsable e integro y además por su energía y conocimientos de la milicia, consideraron el mas apropiado para asumir el mando de la revuelta que se gestaba. no había mas alternativa que lanzarse a la lucha armada para conquistar por la fuerza de las armas los principales que sostenían y en donde estaba comprometido su honor y sus convicciones. habían sido husmeadas ya las casas de algunos de ellos y era seguro que el gobierno tenia datos del levantamiento que se generaba.

Así se lo comunicaron a la junta Revoluciónaria de la ciudad de México y esta en forma muy hábil y oportuna, hizo llegar a manos de Don Ambrosio los primeros elementos belicos. En unas cajas, perfectamente disimuladas y consignadas como herramientas llegaron por ferrocarril a Iguala, cincuenta carabinas Winchester calibre 44 con dotación de 50 cartuchos cada una.

La cita para todos los comprometidos era para el dia 24 de febrero de 1911 en el cerro de San Lucas. Ese dia, mas bien dicho esa noche, se reunieron en el lugar de la cita poco menos de treinta hombres. Entre los principales se encontraban los siguientes: Don Ambrosio Figueroa, su hermano Don Romulo, Don Fidel Fuentes, Don Martin Vicario, Don Odilon Figueroa, Rosendo y Abraham Castro, Rosendo Robles, Enrique Castrejon, Cipriano Toledo, Agustin Abundez, Francisco Manjarres, Juan Taboada, Rene Abundez, Ezequiel Alarcon, Nazario Mata y otros más. Fue una noche tremenda, de verdadera prueba para aquel grupo de valientes que desafiando el poder dictatorial de Porfirio Diaz. Despues de deliberar, los principales cabecillas tomaron el acuerdo de dividirse en dos grupos para hacer un recorrido por distintos lugares circunvecinos y reunirse en Atenango del Rio, llevando los tropas que pudieran reunir en el camino.
Don Ambrosio saldria para tocar Sn. Miguel, Cuetlajuchi, Tuzantlan Apanguito hasta Atenango.
Don Romulo con otro grupo saldria para Tuliman, Tiquicuilco, Tepetlapa y Atenango.


Figueroa, Herculano Gonzalez Valero, Agustin Albarran, Pedro Albarran, Justo Rebollar, Isidro Castrejon, Manuel Apaez, Calixtro Navarrete, Vicente Guerrero, Silviano Casarrubias, Tranquilino Porras, Jesus Aguero, Nestor Najera, Jose Valle, Felix Porras, Sostenes Castro, Odilon Porras, Ramon Vicario, Jesus Riquelme, Constantino Toledo, Silvino Olivares, Porfirio Castrejon, Agustin Arcos Oropeza, Amigdio Aleman, Vicente Mata, y Desiderio Martinez.

Por fin, la avanzada del enemigo que la componia un pelotón de rurales, hizo su aparicion por la calle que desemboca a la plazuela, hoy jardin de la Raza, atraveso esta para dirigirse directamente a los tamarindos del zocalo. En ese precise instante, y a solo unos cincuenta pasos del lugar a donde se encontraba el jefe Don Ambrosio, se dejo oir un disparo y seguidamente una atronadora descarga. Rodaron por el suelo caballos y jinetes y en la confusion de la sorpresa, a toda carrera, los pocos rurales que quedaron con vida, emprendieron una desordenada retirada, bajo un fuego atronador.


En ese preciso momento, Don Romulo habia ido enfrente a la casa de Don Jesus Soto a recoger una carabina que tenia este y cuando regresaba se oyeron las primeras descargas.

El enemigo repuesto de la sorpresa, sé organizó y volvio a la carga, pero en esta vez protegiendose pegados a la pared de la acera, pero fueron otra vez rechazados, pues la punteria de los rebeldes era muy efectiva. Entonces cambiaron de tactica y parapetados en las esquinas de las bocacalles, sé entablo un nutrido tiroteo que duro toda esa tarde.

Era tan efectivo el fuego de los rebeldes, que apenas asomaban un poco la cabeza, eran facil blanco de las balas de sus carabinas.

Por el lado de la Av. hoy Libertad, habia entonces un sitio que por barda tenia un tecorral y junto a ese tecorral habia en hilera unos ciruelos. Alli detras de esos ciruelos sé habían ido a posesionar unos soldados federales y estaban tirando muy certeramente sobre los balcones de la casa que ocupaba Don Romulo. Se dio cuenta de esto y entonces él, que era un tirador magnifico, se propuso acabar con ellos y calculando el grueso de la corteza de dichos ciruelos, comenzo a disparar sobre ellos, viendo como a poco, se acallaba el fuego que de esa parte estaba haciendo el enemigo.

En el portal de la Reforma estaba apostado tambien otro magnifico tirador, José Castrejon, “El Güero Largo”, y estaba causando grandes bajas al enemigo, al grado de que en la esquina de la casa de Dna. Elena Giron, pelon que se asomaba, era blanco seguro. Uno de los oficiales federales fue avisado de esto y ante la incredulidad de este, un soldado puso su chacó en el cañon de su fusil y lo saco un poco por la esquina,No tardo en oirse una detonacion y el chaco voló por el aire, ante el asombro y panico al mismo tiempo de los circunstantes.

Tal era la superioridad de los rebeldes, pero no en municiones, de lo que ya estaban muy escasos. Los federales recurrieron a otras estratagemas. Vestidos con faldas de mujer, cruzaban las calles para evitar ser blanco de los rebeldes, pero no falto una valiente mujer que fue, dando un rodeo, hasta la casa de Don Romulo para dar el aviso y entonces comenzaron hacer fuego sobre las supuestas mujeres que pasaban por la calle.

Don Ambrosio, calculando que aquella pelea desigual no podia durar mucho tiempo, opta por retirar y al oscurecer ordenó a todos sus elementos alistaran sus caballos y en formación de dos salieron al trote; unos por la calle del Calvario y el resto por la que hoy es Progreso hasta la salida y cosa inexplicable: el enemigo no se dio cuenta de esta retirada, pues a poco de que salieron los rebeldes continue el fuego de los soldados del gobierno durante toda la noche.

El saldo de esta cruenta jomada fue de 42 bajas por parte el gobiemo entre muertos y heridos y solamente de tres heridos por parte de los rebeldes, y de estos, solo uno de relativa gravedad.

Entre los pacificos moradores del pueblo hubo tres muertos y cuatro heridos, como resultado del injustificado tiroteo de los federales durante la noche de ese dia.

Pero mas que las bajas entre las filas del gobiemo, este choque fue un impacto directo contra la vieja y apolillada dictadura, un ejempio y un mensaje de aliento para todos los demas comprometidos en el Estado, pues la noticia de esta acción guerrera cundio como reguero de polvora por todas partes, inflamando sus pechos en belicos arrestos. Fue un triunfo moral mas que militar para la revolución que se iniciaba, pues este acontecimiento tuvo la virtud de levantar el animo de los que estando comprometidos, solo esperaban el momento propicio y este se les presentaba al saberse que uno de sus jefes estaba ya en armas peleando por la causa del pueblo.



El 26 de febrero, como lo habían proyectado y convenido, entraron en Atenango del Rio en actitud de abierta rebelion poco más de cuarenta hombres.

La primera providencia de los alzados fue controlar las oficinas de gobierno: sub-recaudacion, timbre, correos, etc., que dados los raquiticos ingresos, fue poca la cantidad recogida. Despues, imponer un prestamo en efectivo a los principales comerciantes, que dio un resultado identico.

Todo esto se hizo dentro de un orden absoluto, pues fue consigna que se observe siempre, no permitir desmán alguno que pudiera desprestigiar al naciente movimiento Revoluciónario.


A continuación y estando en correcta formacion el contingente Revoluciónario sé leyo por el jefe Don Ambrosio una proclama ante el pueblo congregado, explicando y justificando la actitud que asumian los alzados contra el gobierno de Porfirio Diaz, pidiendo al final la renuncia del presidente y convocando a las armas a todo el pueblo. Este documento, asi como otros mas que se dieron a conocer, fueron escritos por el profesor Don Francisco Figueroa, que en esa ocasion estaba fungiendo como sindico del H. Ayuntamiento de Huitzuco, pero que, ardiente partidario de la revolución, seguia en su puesto para colaborar secretamente con los Revoluciónarios.


De aqui el grupo Revoluciónario paso a Chaucingo, pueblecito de rancheros que por su proximidad a Quetzalapa, la tierra de los Figueroa, tenian muchos parientes, y como es natural, todos los vecinos eran partidarios del movimiento. Engrosaron aqui las filas rebeldes los siguientes: Ignacio Astudillo, Francisco Castrejon, Ernesto y Carlos Castrejon, Andres Castrejon, Jose Gomez y otros más.

De este lugar siguio la pequeña columna a Quetzalapa, siendo recibida con verdaderas demostraciones de alegria y entusiasmo, pues cabe decir que cuanto necesitaban los alzados, forrajes para sus caballos, comida para ellos, etc., eran ofreci dos espontaneamente por los vecinos. Aqui engrosaron las filas rebeldes: Ambrosio Figueroa Marban, Jose Valle, Jose Castrejón F., filfego Mata, Rafael Castrejon, Ramon Vicario, Dario Gaytan y otros más.


En este lugar se incorporaron a la columna, procedentes de Tilzapotla y otros lugares del vecino Estado de Morelos, los siguientes: Agustin y Pedro Albarran, Justo Rebollar, Enrique Morales, Julio Figueroa, Herculano Gonzalez Valero y Nestor Najera.

Ahora, el obietivo era Huitzuco y con ese fin a temprana hora salieron los rebeldes, arribando a este lugar exactamente a las doce del dia 28 de febrero de 1911.


La Batalla de Huitzuco

Las fuerzas rebeldes, divididas en tres secciones, entraron al pueblo, una por la calle del Calvario al mando de Don Ambrosio, la otra por la calle que ahora es Progreso, al mando de Don Martín Vicario para reunirse en el centro o plaza principal, tambien venian llegando por el rumbo de Lagunillas las tropas de Don Romulo Figueroa quien iban al trote sin detenerse y con las armas en la mano. no sin antes cumplir las respectivas comisiones, como eran las de apoderarse de los fondos de las oficinas de la subrecaudacion, timbre y la carcel para poner en libertar a los presos.



El jefe Don Ambrosio mandó imnediatamente un vigilante al cerro del Venado, que domina perfectamente el camino para Iguala. Habia transcurrido escasa media hora desde la llegada de los Revoluciónarios, cuando llego corriendo el vigilante apostado en el cerro del Venado, anunciando que estaban ya llegando al Palo Prieto las fuerzas del gobierno, que eran alrededor de 200 hombres y traian rurales e infanteria.

Entonces Don Ambrosio, previa deliberacion con sus principales jefes subalternos, tomaron la determinacion de hacerle frente al gobiemo, iniciando los dispositivos de combate.

De la gente que tenia en la plaza ordeno se parapetaran en los pilares de la parte sur; envió un peloton a la torre de la iglesia; mandó cubrir tambien el portal de la Reforma y él sé situo en el angulo sur ccidental del zocalo, dando la consigna de que al acercarse el enemigo, nadie disparara hasta que él lo hiciera, pues queria ser el primero que rompiera el fuego contra las fuerzas del dictador, ya que al encabezar la revuelta le correspondia el honor de ser él quien disparara el primer tiro.

Don Romulo que se encontraba en el centro en esos momentos, mandó cubrir con su gente los balcones de su propia casa; ordenó gente con sus caballos a la casa vecina de Don Ignacio Uriza para cubrir los balcones de la misma casa; envió gente tambien a la casa de doña Josefa López para vigilar y cubrir la parte sur.

Al llegar los rebeldes, la gente del pueblo sé habia congregado en la plaza para saludar a sus paisanos, a sus amigos y conocidos, algunos de ellos se unieron en esos momentos a los pronunciados, sumando en total ó2 hombres segun la lista adjunta:
Ambrosio Figueroa Mata, Romulo Figueroa Mata, Andres Castrejon, Ambrosio Figueroa Marban, filfego Mata. Francisco Castrejon, Rafael Castrejon, Dario Gaytan, Francisco Gómez, Jose Gomez, Castrejon, Abrahan Castrejon, Fidel Fuentes, Martin Vicario, Odilon Figueroa, Ezequiel Alarcon, Rosendo V. Castro. Abrahan Castro Uriza, Enrique Castrejon Salgado, Cipriano Toledo, Rosendo Robles Abundez, Juan Taboada, Nazario Mata, Agustin Abundez, Angel Ocampo Cerezo, Juan Orihuela, Hilario Astudillo, Cornelio Gonzalez, Antonio Abundez, Rene Abundez, Francisco Manjarrez, Sabino Mata, Victor Abundez Castrejon, Ignacio Astudillo, Guadalupe Castrejon, Francisco Castrejon Nava. Ignacio Castrejon, Ernesto Castrejon, Carlos Castrejon Velazquez, Enrique Morales, Santana
 

Libro Escrito por Don Jesus Figueroa Alcocer

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