Temas de Reflexion

Puedes cambiar la vida de otra persona.

publicado a la‎(s)‎ 24/12/2008 9:33 por Rafael Iriarte



Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: ¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un "traga". Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él.

Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.. Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije: "esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto". Me miró y me dijo:"¡Gracias!".

Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Lo ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que acababa de cambiarse de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.

Caminamos hasta casa. Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos.

Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días". Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. El estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. El preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era una de esas personas que se había encontrado así mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días.

Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije: "Vas a estar genial, amigo". Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:

"Gracias", me dijo. Limpió su garganta y comenzó su discurso: "La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus AMIGOS. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia".

Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

"Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable". Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.

En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras: "Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera".

Enviado por:

Selin Robles


UN VASO DE LECHE

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:28 por Rafael Iriarte

Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta parapagar sus estudios, encontró que solo le quedaba una simple moneda de díez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven abrió la puerta. En lugar de comida le pidió un vaso de agua.
Ella pensó que el joven parecía hambriento así que le trajo un gran vaso de leche. El lo bebió despacio, y entonces le preguntó: ¿Cuánto le debo? -No me debes nada, contestó ella- Mi madre nos ha enseñado a nunca aceptar algo por una caridad. El dijo: Entonces te lo agradezco de todo corazón. Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no solo se sintió físicamente más fuerte, si no que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte. El había estado listo para rendirse y dejarlo todo.
Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad. Se llamo al Dr. Howard Kelly para consultarle.
Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino una extraña luz lleno sus ojos. Inmediantamente subió del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció enseguida.
Regresó al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor para salvar su vida. Desde ese día prestó especial atención al caso..
Después de una larga lucha, ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la oficina de administracion del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. El la revisó y entonces escribió algo en el borde y envió la factura al cuarto de la paciente. Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida para pagar todo los gastos.
Finalmente la abrió, y algo llamó su atención en el borde de la factura. Leyó estas palabras "pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche", (firmado) Dr. Howard Kelly.
Lágrimas de alegría inundaron sus ojos y su feliz corazón oró así: Gracias Dios porque tu amor se ha manifestado en las manos y los corazones de los humanos.
Autor Desconocido
Somos felices y no lo sabemos
Tú y yo somos más benditos que millones de personas que no conocen el significado de vivir alegres con las cosas más simples que Dios nos da a diario, con las grandes bendiciones que El nos concede momento a momento, con las maravillas que nos ofrece a cada instante. Tú y yo somos más benditos porque estamos en el mundo con un propósito muy claro, disfrutar nuestra vida en Dios. Reflexiona en lo siguiente y quizás puedas ver tu vida desde otro punto de vista y ser más felíz:
Si te has despertado hoy con más salud que enfermedad, eres más bendito que el millón que no va a sobrevivir esta semana.
Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura, los dolores del hambre, estás más bendecido que 500 millones de personas en el mundo.
Si puedes ir a la Iglesia o al Templo sin ser perseguido, arrestado, torturado o asesinado... estás más bendito que tres millones de personas en este planeta.
Si tienes comida en ni nevera, llevas la ropa limpia, Si tienes un techo encima de tu cabeza y un lugar seguro donde dormir, eres más rico que el 75% de los demás.
Si tienes dinero en el banco, en tu cartera o unas monedas en una jarra en tu casa, eres parte del 8% de la población próspera del mundo entero
Si tus padres estan todavía vivos y casados eres poco común...
Si llevas una sonrisa en tu cara y estás agradecido por todo, estás bendito porque la mayoría de la gente lo puede hacer pero no lo hace.
Si puedes tomar la mano de alguien, abrazarlo o solamente tocar su hombro, eres bendito porque puedes ofrecer el toque que trasmite afecto.
Muchas veces no nos sentimos felices porque no sabemos valorar las bendiciones que tenemos, Si aprendes a valorar lo bueno de cada día, la parte positiva de las personas que te rodean, la bendición de tener personas que te aman, un trabajo... entonces...
¡Verás cuán feliz eres!
 
Enviado por: Yoyis Robles

PEDRITO.

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:27 por Rafael Iriarte

El primer día de clase que Doña Tomasa se enfrentó a sus alumnos de quinto grado, les dijo que ella trataba a todos los alumnos por igual y que ninguno era su favorito. En la primera fila sentado estaba Pedrito, un niño antisociable, con una actitud intolerable, el cual siempre andaba sucio y todo despeinado El año anterior, Doña Tomasa había tenido a Pedrito en una de sus clases. Doña Tomasa vía a Pedrito como un niño muy antipático.
A ella le daba mucho gusto poder marcar con una F de color rojo todo el trabajo que Pedrito entregaba. En la escuela donde Doña Tomasa enseñaba se requería revisar el archivo de historia de cada alumno y el de Pedrito fue el último que ella revisó.
Cuando empezó a leer el archivo de Pedrito, se encontró con varias sorpresas. La maestra de Pedrito de primer grado había escrito "Pedrito es un niño muy brillante y muy amigable, siempre tiene una sonrisa en sus labíos. El hace su trabajo a tiempo y tiene muy buenos modales. Es un placer tenerlo en mi clase".
La maestra de segundo grado: "Pedrito es un alumno ejemplar, muy popular con sus compañeros, pero últimamente muestra tristeza porque su mamá padece de una enfermedad incurable".
La maestra de tercer grado: "La muerte de su mamá ha sido muy difícil para él. Él trata de hacer lo mejor, pero sin interés. El papá no demuestra ningún interés en la educación de Pedrito. Si no se toman pasos serios esto va afectar la vida de Pedrito".
La maestra de cuarto grado: "Pedrito no demuestra interés en la clase. Cada día se cohibe más. No tiene casi amistades y muchas veces duerme en clase".
Después de leer todo esto, Doña Tomasa sintió verguenza por haber juzgado a Pedrito sin saber las razones de su actitud. Se sintió peor cuando todos sus alumnos le entregaron regalos de Navidad envueltos en fino papel, con exepción del regalo de Pedrito, que estaba envuelto en un cartucho de la tienda. Doña Tomasa abrió todos lo regalos y cuando abrió el de Pedrito, todos los alumnos se reían al ver lo que se encontraba dentro. En el cartucho había una botella con un cuarto de perfume y un brazalete al cual le faltaban algunas de las piedras preciosas. Para suprimir las risas de sus alumnos, se puso inmediatamente aquel brazalete y se puso un poco del perfume en cada muñeca. Ese día Pedrito se quedó después de la clase y le dijo a la maestra: "Doña Tomasa, hoy usted huele como mi mama".
Después de haberse ido todos, Doña Tomasa se quedó llorando por una hora.
Desde ese día cambió su materia. En vez de enseñar lectura, escritura y aritmética, escogió enseñar a los niños. Doña Tomasa empezó a ponerle más atención a Pedrito. Ella notaba que mientras más ánimos le daba a Pedrito, más entusiasmado reaccionaba él. Al final del año, Pedrito se convirtió en el más inteligente de la clase y a pesar de que Doña Tomasa había dicho el primer día de clase que todos los alumnos iban a ser tratados por igual, Pedrito era su preferido.
Pasaron cuatro años y Doña Tomasa recibió una nota de Pedrito, la cual decía que se había graduado de la secundaria y que había terminado en tercer lugar También le decía que ella era la mejor maestra que él había tenido.
De ahí pasaron seis años cuando Doña Tomasa volvió a recibir noticias de Pedrito. Esta vez le escribía que se le había hecho muy difícil, pero que muy pronto se graduaría en la universidad con honores y le aseguró a Doña Tomasa que todavía ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en su vida.
Pasan cuatro años más, cuando Doña Tomasa vuelve a saber de Pedrito. En esta carta él le explicaba que había adquirido su postgrado y que había decidido seguir su educación. En esta carta Pedrito también le recordaba que ella era la mejor maestra que había tenido en su vida. Esta vez la carta estaba firmada por "Dr. Pedro Altamira".
Bueno, el cuento no termina ahí. En la primavera, Doña Tomasa volvió a recibir una carta de Pedrito donde le explicaba que había conocido a una muchacha con la cual se iba a casar y quería saber si Doña Tomasa podía asistir a la boda y tomar el lugar reservado usualmente para los padres del novio. También le explicaba que su papá había fallecido varios años atrás.
Claro que Doña Tomasa aceptó con mucha alegría y el día de la boda se puso aquel brazalete sin brillantes que Pedrito le había regalado y también el perfume que la mamá de Pedrito usaba.
Cuando se encontraron, se abrazaron muy fuerte y el Dr. Altamira dijo en el oído muy bajito "Doña Tomasa, gracias por haber creído en mí.
Gracias por haberme hecho sentir que era importante y que yo podía hacer la diferencia.
Doña Tomasa, con lagrimas en los ojos, le respondio: Pedro, estás equivocado. Tú fuiste el que me enseñó que yo podía hacer la diferencia. ¡Yo no sabía enseñar hasta que te conocí a tí!
 
Enviado por: Yoyis Robles

Televisor por un Día

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:27 por Rafael Iriarte

Señor, no quiero pedirte nada especial ni inalcanzable, como ocurre con otros niños que se dirigen a ti cada noche.
Tú eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.
Transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor, para que me miren con el mismo interés con que mi madre mira su telenovela preferida, o mi padre su programa deportivo favorito.
Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se callan para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.
Quiero ver a mi madre suspirar frente a mí como lo hace cuando mira un desfile de modas, o poder hacer reír a mi padre como lo logran ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les cuento mis fantasías sin necesidad de decir ¡es cierto! yo lo escuche en la tele.
Quiero representar al televisor para ser el rey de la casa, el centro de atención que ocupa el mejor lugar para que todas las miradas se dirijan a mí. Quiero sentir sobre mí la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico.
Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que más influya en sus vidas, el que recuerde que soy su hijo y el que ojalá les mostrara más paz que violencia.
¡¡Señor, por favor déjame ser televisor aunque sea por un día!
 
Enviado por: Yoyis Robles

Se venden cachorros.

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:26 por Rafael Iriarte

Un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía: "Se venden cachorros".
Letreros como ese tienen una atracción especial para los niños pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero.
-¿Cuánto cuestan los cachorros?, preguntó.
-Entre $30 y 50 dólares, respondió el tendero.
El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio.
-Tengo $2.37 dólares, dijo. ¿Puedo verlos, por favor?
El tendero sonrió y silbó, y de la caseta de los perros salió "Dama", que corrió por el pasillo de la tienda seguida de cinco pequeñitas y diminutas bolas de pelo. Un cachorro se estaba demorando considerablemente. El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado. ¡Era cojo!.
-¿Qué le pasa a ese perrito?, preguntó.
El tendero le explicó que el veterinario había examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y que cojearía por siempre. Estaría lisiado toda su vida. El niño se entusiasmo.
-¡Ese es el cachorro que quiero comprar!, dijo.
-NO, tu NO quieres comprar ese perrito. Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar, dijo el tendero.
El niño se enfadó mucho. Miro al tendero directo a los ojos, y moviendo el dedo replicó:
-No quiero que me lo regale. Ese perrito vale exactamente tanto como los otros perros y voy a pagar su precio completo. De hecho, ahorita le voy a dar $2.37 dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo.
El tendero replicó:
-Realmente no quieres comprar este perrito. Nunca va a poder correr, brincar ni jugar contigo como los otros cachorritos.
Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló la pierna del pantalón para mostrar una pierna izquierda gravemente torcida, lisiada, sostenida por un gran aparato ortopédico de metal.
Miró al tendero y suavemente le respondió:
-Bueno, pues yo tampoco corro tan bien que digamos, y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda.
 
Enviado por: Yoyis Robles

La mama mas mala del mundo

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:25 por Rafael Iriarte

Siempre estuve segura de que me había tocado la mamá más mala del mundo. Desde que era muy pequeña, me obligaba a desayunar o a tomar algo por la mañana, antes de ir a la escuela, por lo menos debía tomar leche, mientras que otras madres ni se ocupaban de eso.
Me hacía un sándwich o me daba una fruta, cuando los demás niños podían comprar papitas y comer otras cosas ricas.
¡Cómo me molestaba eso!
Y también sus palabras: "Come, ¡anda!, ¡no dejes sin terminar!, ¡acaba!, ¡hazlo bien!, ¡vuelve a hacerlo!", y así siempre....
Violó las reglas al poner a trabajar a menores de edad, y me obligaba a hacer mi cama, a ayudar en la preparación de la comida y hacer algunos mandados.
El más horrible era ir por el súper o por mis hermanos, con ese calor y las largas filas. ¡Cuánto trabajo!
Fui creciendo y mi mamá se metía en todo: "¿Quiénes son tus amigas? ¿Quiénes son sus mamás? ¿Dónde viven?".
Lo peor fue cuando empecé a tener amigos, mientras las otras amigas los podían ver a escondidas, yo los tenía que pasar a la sala y presentarlos. ¡Era el colmo!
Y el interrogatorio de costumbre:
"¿Cómo te llamas?, ¿dónde vives?, ¿qué estudias?, ¿trabajas?".
Los quehaceres fueron en aumento... que barre, que arregla el closet, todo eso era para enojarme más y más.
Los años también pasaron. Me casé e inicié una nueva familia.
Ahora soy madre también, y con gran satisfacción le he dado gracias al Señor por mi mamá.
Gracias al cuidado que tuvo con mis alimentos crecí sana y fuerte, y cuando llegué a enfermarme me cuidó con mucho cariño.
Gracias a la atención que puso en mis tareas logré terminar mi carrera.
Gracias a que me enseñó a hacer labores en la casa ahora tengo mi hogar limpio y ordenado y sé administrar mi hogar.
Gracias al cuidado que puso para que yo escogiera a mis amigas aún conservo algunas, que son un verdadero tesoro...
Gracias a que conoció a mis amigos, pude darme cuenta quién era el mejor y ahora es mi esposo.
Gracias por darme a mi mamá, a mi mamá querida, a quien solo le vi defectos y no cualidades, a esa mamá, que me ha amado tanto y me formó tan bien.
¡Sólo te pido, Señor, que ahora que tengo mis hijos, me consideren la mamá más mala del mundo!

 

"Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada y su marido también la alaba. Muchas mujeres hicieron el bien, más tú sobrepasas a todas."

Proverbios 31.
 
Enviado por : Yoyis Robles

FELIZ CUMPLEAÑOS JESUS

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:23 por Rafael Iriarte

Querido Amigo:
Hola, te amo mucho. Como sabrás, nos estamos acercando otra vez a la fecha en que festejan mi nacimiento.
El año pasado hicieron una gran fiesta en mi honor y me da la impresión que este año ocurrirá lo mismo. A fin de cuentas llevan meses haciendo compras para la ocasión y casi todos los días han salido anuncios y avisos sobre lo poco que falta para que llegue. La verdad es que se pasan de la raya, pero es agradable saber que por lo menos un día del año, piensan en mí.
Ha transcurrido ya mucho tiempo cuando comprendían y agradecían de corazón lo mucho que hice por toda la humanidad.
Pero hoy en día, da la impresión de que la mayoría de la gente apenas si sabe por qué motivo se celebra mi cumpleaños. Por otra parte, me gusta que la gente se reúna y lo pase bien y me alegra sobre todo que los niños se diviertan tanto; pero aún así, creo que la mayor parte no sabe bien de qué se trata. ¿No te parece?
Como lo que sucedió, por ejemplo, el año pasado: al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta, pero ¿Puedes creer que ni siquiera me invitaron? ¡Imagínate!
¡Yo era el invitado de honor! ¡Pues se olvidaron por completo de mí!
Resulta que habían estado preparándose para las fiestas durante dos meses y cuando llegó el gran día me dejaron al margen.. Ya me ha pasado santísimas veces que lo cierto es que no me sorprendió. Aunque no me invitaron, se me ocurrió colarme sin hacer ruido. Entré y me quedé en mi rincón.
¿Te imaginas que nadie advirtió siquiera mi presencia, ni se dieron cuenta de que yo estaba allí?
Estaban todos bebiendo, riendo y pasándolo en grande, cuando de pronto se presentó un hombre gordo vestido de rojo y barba blanca postiza, gritando:"¡jo, jo, jo!". Parecía que había bebido más de la cuenta, pero se las arregló para avanzar a tropezones entre los presentes, mientras todos los felicitaban.
Cuando se sentó en un gran sillón, todos los niños, emocionadísimos, se le acercaron corriendo y diciendo: ¡Santa Claus! ¡Cómo si él hubiese sido el homenajeado y toda la fiesta fuera en su honor!
Aguanté aquella "fiesta" hasta donde pude, pero al final tuve que irme.
Los niños todos se durmieron y el ambiente se tornó bastante pesado; ya que todos los adultos ya embriagados empezaron a hablar obscenidades y otras cosas terribles. Me levanté y salí por la puerta y casi no me sorprendió que nadie notara que me marchaba. Más tarde caminando por la calle, ¡me sentí solitario y triste como un perro abandonado!
Lo que más me asombra de cómo celebra la mayoría de la gente el día de mi cumpleaños es que en vez de hacer regalos a mí, se obsequian cosas unos a otros y para colmo, ¡casi siempre son objetos que ni siquiera les hacen falta! Te voy a hacer una pregunta:
¿A ti no te parecería extraño que al llegar tu cumpleaños todos tus amigos decidieran celebrarlo haciéndose regalos unos a otros y no te dieran nada a ti? ¡Pues es lo que me pasa a mí cada año!
Una vez alguien me dijo: "Es que tú no eres como los demás, a ti no se te ve nunca; ¿Cómo es que te vamos a hacer regalos?". Ya te imaginarás lo que le respondí. Yo siempre he dicho:
"Pues regala comida y ropa a los pobres, ayuda a quienes lo necesiten. Ve a visitar a los huérfanos, enfermos y a los que estén en prisión!".
Le dije: "Escucha bien, todo lo que regales a tus semejantes para aliviar su necesidad, ¡Lo contaré como si me lo hubieras dado a mí personalmente!"
(Mateo 25,34-40).
Muchas personas en esta época en vez de pensar en regalar, hacen bazares o ventas de garaje, donde venden hasta lo que ni te imaginas con el fin de recaudar hasta el último centavo para sus nuevas compras de Navidad.
Y pensar todo el bien y felicidad que podrían llevar a las colonias marginadas, a los asilos, casa de ancianos, cárceles o familiares de los presos.
Lamentablemente, cada año que pasa es peor. Llega mi cumpleaños y sólo piensan en las compras, en las fiestas y en las vacaciones y yo no pinto para nada en todo esto. Además cada año los regalos de navidad, pinos y adornos son más sofisticados y más caros, se gastan verdaderas fortunas tratando con esto de impresionar a sus amistades.
Esto sucede inclusive en las iglesias. Y pensar que yo nací en un corral, rodeado de animales y pastores y me acostaron en un comedero de animales, porque no había más.
De verdad que cómo han cambiado las cosas.
En fin, el propósito de mi carta es decirte que ya no te afanes tanto en la preparación de mi cumpleaños.
Me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace casi 2 mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo.
Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón.
Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado.
"Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos".
Confía en mí, abandónate en mí, hazme el dueño de tu vida.
Este será el mejor regalo que me puedas dar.
Gracias, tu amigo Jesús.
 
Enviado por: Yoyis Robles
 
 

El mejor cumpleaños

publicado a la‎(s)‎ 16/12/2008 5:23 por Rafael Iriarte

Jamás olvidaré el día en que mamá me obligó a ir a una fiesta de cumpleaños, cuando estaba en tercer grado. Una tarde llegué a casa con una invitación algo manchada de jalea.
- No pienso ir -dije-. Es una chica nueva que se llama Ruth. Berni y Pat no irán. Invitó a toda la clase. A los treinta y seis.
Mamá estudió con extraña tristeza esa invitación hecha a mano. De pronto anunció:
- Bueno, tú irás. Mañana iré a comprar el regalo. Yo no podía creerlo. ¡Mamá nunca me había obligado a ir a una fiesta!
Eso me mataría, sin duda. Pero no hubo ataque de histeria que la hiciera cambiar de opinión.
Llegó el sábado, mamá me sacó de la cama para que envolviera el regalo:
Un bonito juego de peine, espejo y cepillo, de color rosa perlado, que había comprado por menos de tres dólares.
Luego me llevó en su viejo automóvil amarillo. Ruth abrió la puerta y me guió por la escalera más empinada y peligrosa que yo había visto jamás.
Cruzar la puerta fue un verdadero alivio; los pisos de madera relumbraban en la sala llena de sol. Los muebles eran viejos, pero estaban recubiertos por fundas níveas e impecables.
En la mesa vi la torta más grande de mi vida. Estaba decorada con nueve velas rosadas, un "Feliz Cumpleaños Ruthie" bastante desmañado y algo que parecían pimpollos de rosa. Rodeaban la torta treinta y seis tazas llenas de chocolate casero, cada una con su nombre.
"No será tan horrible una vez que lleguen los otros", me dije. Y pregunté a Ruth:
-¿Dónde está tu mamá?
Ella bajó la vista al suelo.
- Bueno, está medio enferma.
- Ah. ¿Y tu papá?
- Se fue.
Luego se hizo silencio; sólo se oían algunas toses carrasposas detrás de una puerta cerrada. Pasaron quince minutos. Luego, diez más. De pronto comprendí la horrible verdad: No vendría nadie. ¿Cómo escapar de allí? En medio de mi autocompasión oí unos sollozos apagados. Al levantar la vista me encontré con la cara de Ruth, surcada de lágrimas. De inmediato, mi corazón de niña se llenó de simpatía hacia Ruth y de ira contra mis treinta y cinco egoístas compañeras.
Me levanté de un salto, plantando en el suelo los zapatos de charol blanco, y proclamé a todo pulmón.
-¿Para qué queremos a los otros?
La expresión sobresaltada de Ruth se convirtió en entusiasmado acuerdo. Allí estábamos: Dos niñas de ocho años con una torta de tres pisos, treinta y seis tazas de chocolate, helado, litros y litros de refresco rojo, tres docenas de artículos de cotillón, juegos a jugar, premios a ganar.
Empezamos por la torta. Como no encontrábamos ningún fósforo y Ruthie (había dejado de ser Ruth) no quería molestar a su mamá, nos limitamos a fingir que las encendíamos. Le canté el Feliz Cumpleaños en tanto ella pedía un deseo y apagaba de un soplido las velas imaginarias.
En un abrir y cerrar de ojos llegó el mediodía y mamá hizo sonar su bocina frente a la casa. Después de recoger todos mis recuerdos y de dar mil gracias a Ruthie, volé al auto burbujeando de alegría.
- ¡Gané todos los juegos! Bueno, la verdad es que Ruthie ganó el de ponerle la cola al burro, pero dijo que la del cumpleaños no podía llevarse los premios, así que me lo cedió. Y repartimos las cosas de cotillón, la mitad para cada una.
Le encantó el juego de tocador, mamá. Yo era la única.
¡La única de todo el tercer grado! y no veo la hora de decirle a los otros que se perdieron una fiesta estupenda.
Mamá detuvo el coche junto al cordón y me abrazó con fuerza.
- ¡Estoy orgullosa de ti! - me dijo, con lágrimas en los ojos.
Ese día descubrí que una sola persona puede cambiar las cosas. Yo había cambiado por completo el noveno cumpleaños de Ruthie. Y mamá había cambiado mi vida por completo. Y tú... ¿habrías ido a la fiesta? Una palabra, un gesto, pueden cambiarle la vida a alguien, pero también puede cambiárnosla a nosotros mismos.
Obra de modo tal que, en tu paso por la vida de los demás, sólo siembres amor.
Seguramente cosecharás más de lo que puedas imaginar...

1-8 of 8